Arte entre bits

Lo cierto es que no había dado con la posibilidad hasta que me he topado, buscando alguna tienda en línea con algo diferente de que son muchos los museos que han puesto a la venta por Internet los catálogos de sus tiendas. Vaya. Vamos a curiosear.

Para empezar, he de decir que siempre he sentido una especie de debilidad por el Museo del Prado. Me he quedado muchas veces mirando un Goya pensando lo bien que nos ha retratado el espíritu ese sordo amargado de Fuendetodos; o me he acercado, siempre respetuoso y guardándome de su inestable arma, a un Velázquez y he murmurado, entre dientes: “¿Qué demonios me está contando usted, don Diego?”

Pues bien, charlas con pintores que podrían dar con mis huesos en el manicomio aparte, me he topado con la tienda virtual de este museo. Y en ella he visto de todo y a todos los precios: desde una postal por 1,10 euros o un marcapáginas con lupa por 3,25, hasta un reloj de arena por 60 euros. Y no he querido fijarme en los productos más baratos ni en los más caros.

Por artistas y por objetos

La tienda en sí se organiza por artistas, de un lado, y por la naturaleza del objeto de otro (papelería, impresiones personalizadas, golosinas, cristalería, joyería…), aparte de, por supuesto, ofertas, novedades y saldos.

Pero cambiemos de museo. Saltamos del Prado al Thyssen –reconozco que éste, por mis gustos, me atrae un poco menos-. Nos encontramos con una página más sobria, pero en ella también podemos ver todo tipo de productos y distribuidos de la misma manera (más o menos) que en el Prado. Reconozco que me he encaprichado de los gemelos “Theo van Doesburg”. Puede que esta Navidad me haga un regalito.

Viajando por el mundo

Pero, ¿es exclusivo de los museos españoles lo de vender sus productos de merchandising por Internet? ¡Pues mira!: no. Lo que descube uno dedicando un par de minutos a teclear en Google. Podemos incluso comprar obras de arte, como una reproducción del anillo de coronación de Napoleón Bonaparte (950 euros) u otra de La Triada de Osiris que nos cuesta 1.300 euros.

Podríamos seguir viajando: National Gallery, L’Hermitage, MOMA… Pero vamos a dejar esa posibilidad, simplemente, abierta. Con lo que sí quiero quedarme es con la idea de que no todo está perdido en Internet, de que también hubo justos en Sodoma y de que en un mundo en el que prima regalar fruslerías electrónicas con muchas lucecitas y de matar mucho, mucho aún queda sitio y posibilidad de regalar arte.